Quejumbre de una madre de familia con la imaginación cándida de que la culpa es del colegio, del profesor... menos por culpa del "chinito"; por cuanto el "chinito" tiene SU herencia, la de ser MUUUU...Y inteligente...
Frente a sus bulliciosos alumnos, el profesor de inglés remeda la voz gimiente de una madre de familia incrédula de que su hijo, tras "largos y sufridos años" de estudio en el colegio, no haya sido capaz de aprender el idioma gringo:
—¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué se fue, por qué murió...? (Perdón, esto es de una canción vieja).
El 'teacher' entonces gime:
—¿Por qué será que mi chinito...?"
Parodia entonces el profesor a una madre dolorosa, con acento diabluno, a una madre de familia, mirando fijamente al estudiante que está ahí en el salón holgazaneando delante suyo, entretenido con un celular o con su vecina coquetona, con un bombón que escurre mientras las explicaciones, los ejercicios, la añeja pedagogía maternal del profesor, resbalan impunemente por sus fibras cerebrales, como si éstas estuviera engrasadas.
Gozan algunos chicos entonces con la improvisada escena teatral, otros se incomodan con ese tonito seudo mujeril del "teacher", mientras alguna de las chicas envalentonada grita desde el fondo:
—Pero, ¿Cómo vamos a aprender si usted no enseña nada? No nos saca a la cancha, ni nos lleva a la sala de informática. Mejor dicho: Ni nos quiere.
El profe trata de salirse de los chiros (usemos una palabra más sagrada: "de los hábitos") ante la crítica sin piedad precisamente de una de las alumnas que casi no viene a clase, que se evade al menor descuido y que además fomenta el despelote en el salón. Pero consigue calmarse y no rechistar. Es entonces cuando el mejor alumno, interesado en el tema, pregunta "sabiamente":
—Y, profesor, cómo se dice "¿'Yo soy' en inglés? ¿Y qué es eso de 'Are'? ¡Nosotros no lo hemos visto!
"Se nota a leguas —pensó para sus adentros— que el verbo To be es todavía para él un célebre desconocido". Justo el verbo clave y existencial, núcleo del dilema dramático de Shakespeare: "To be or not to be, that is the question!".
Y como Hamlet el profesor se toma la cabeza pese a que desde escolares de segundo primaria la vieron en el tablero, la repitieron del maestro y hasta lo apuntaron en el cuaderno manidas veces. Y ahora le echan la culpa a los profesores que no les enseñaron desde la infancia hasta estos días adolescentes de secundaria. El hecho es que no se les han quedado grabadas en la cabeza ni siquiera las palabras más comunes del cuerpo, del aula o de la casa.
A la par de todo lo anterior, algunos escolares manejan falsas expectativas pues imaginan que los aprendizajes se reciben como los vasos reciben el agua. Para ellos dominar el inglés es resultado de un don automático y merecido, obtenido del profesor, don gratuito que por magia poderosa, invade su cuerpo y llena su vida, concediéndole superpoderes para comenzar a hablar fluidamente el idioma antes extraño en absoluto, como los apóstoles lo hicieron en todas las lenguas el famoso día de Pentecostés. Falso: Los aprendizajes de los idiomas ni son gratuitos ni granjean automáticamente superpoderes para que hables y entiendas a todo el mundo. Los super héroes del aprendizaje fácil NO EXISTEN. Existen mejor los mártires del saber. Pregúnteles a los profesores, a los sabios "que en el mundo han sido".
"Entonces, ¿por qué será que mi "chinito" no aprende Inglés? ".
Mis queridas madres, este fenómeno que las atormenta se explica casi solo, por cuanto en la base de los aprendizajes siempre actúan motores esenciales del ser humano como la vocación, la voluntad, la disciplina, el esfuerzo, la auto dedicación, las buenas costumbres de estudio, los recursos, el tiempo, la motivación, el carácter... El colegio sólo ofrecerá ayuda limitada y somera a las voluntades que quieran y puedan aprender. Los quehaceres de todo su proyecto educativo, de toda su esencia institucional, serán como semillas que caerán en las mentes de los jóvenes como en las eras de la tierra las semillas naturales para que ellos las asimilen y las hagan fructificar en los porcentajes que permitan sus voluntades y sus propios esfuerzos personales. El colegio será para los estudiantes, detrás de la familia, uno de sus primeros estímulos hacia el desarrollo de sus competencias humanas, laborales y culturales; nunca la plenitud de todos los bienes del mundo ni menos el responsable de su destino de ser sabio o ignorante, grande o pequeño, bilingüe o no bilingüe.
"¿Por qué será entonces que mi chinito..." --vuelve a gemir sarcásticamente el "teacher" remedando mal la voz quejumbrosa de una madre preocupada por el escaso aprendizaje lingüístico de su niño inteligente--...
Yo creo, mi señora -ya para ponerme serio y para no extenderme tanto-, que su divino "chinito" no ha aprendido inglés ni lo aprenderá aquí por obvias razones. El dominar un segundo idioma de la misma forma como medio se domina el primero (que dicho sea de paso el "dominio" de la lengua materna en nuestros jóvenes deja mucho que desear), exige de la persona entera dedicación, entusiasmo, amor, pasión y hasta locura por él y por cuanto significa. Es decir, implica sacrificio, tiempo, práctica, sumado a las capacidades mentales necesarias del "chinito", al cual le hacen falta precisamente uno que otro de estos vitales ingredientes. El "teacher" mostrará el camino, pero no será el camino. Indicará las tareas y guiará el proceso, pero no hará las tareas ni llevará sobre sus espaldas al "chinito". Al final, éste último será quien deba aprender incluso a despecho de que haya sido guiado erradamente o de que el "teacher" haya sido muuuuy malo. Es más, en un colegio "normalito", como dicen las comadres, jamás aprenderá a pensar, a hablar y a soñar en Inglés.
Es más, en el horario figuran otras materias a las cuales deberá dedicarse, otras aplicaciones lúdicas y de servicio a quienes rendirles tiempo y adoración, amores que atender, gustos que satisfacer, gruñidos estomacales que acallar. Y para aprender el segundo idioma a cabalidad se precisa que el estudiante se inserte de tiempo completo, de la coronilla hasta las botas, en un hábitat donde impere el espíritu inglés, donde respire inglés, donde coma inglés, donde, en resumidas cuentas, le haga el amor al inglés.
Así que, mi señora, como dicen los compadres, aquí hacemos lo humana y académicamente posible para que su angelito aprenda, pero no le garantizamos que lo logre por cuanto también necesitamos de la gracia de Dios, o por lo menos, de la gracia suya, de su sacrificio, de su responsabilidad, de que él quiera, que ponga su voluntad, todo de su parte y de su ser.
"¿Por qué será... --gime por allá el programa de bilinguismo-- que los alumnos no aprenden inglés?" Repetimos: Hay que estudiar bastante, ser disciplinados en extremo, apelar a todas las ayudas y los recursos tecnológicos, poseer ciertas destrezas naturales que hagan posible el éxito del proceso. Y para muchos de nuestros chicos ese es un lenguaje cifrado de otro mundo.
Por último, esa "metodología" de poner el libro bajo la almohada inyectándose audífonos en las orejas para aprender durmiendo sería un método ideal para ellos. Los exámenes también los presentarían durmiendo. Y hablarían inglés también dormidos. No dudo que pueda servir de motivación subliminal. Pero aprender en vivo, en directo, y en verdad exige mucho más que soñar y desear.
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